¡Atención! ¡Su sistema está saturado!. Este podría ser un mensaje intermitente que podría aparecer en nuestra mente mientras suena un chirrido molesto para señalar que estamos sobreinformados. Aunque los humanos son seres análogos, este aviso al mejor estilo mundo digital, podría ser útil para saber que es tiempo de conectarnos con una experiencia humana. En especial en estos tiempos de desafíos con las tecnologías de la información y la comunicación (TIC). Es incuantificable la información que recibimos a cada momento a través de diferentes dispositivos ¿es posible que provoque mayor confusión y bloquee la capacidad de análisis y procesamiento?, ¿estamos intoxicados de información?.
Este sábado en Pensar en Nada abordaremos la sobreinformación como tema central. ¿Cómo nos afecta la tecnología y la abundancia de información?, ¿a los argentinos nos cuesta cada vez más abstraernos de esas herramientas tecnológicas y entablar una comunicación más directa, más “humana” entre las personas?. Conversaremos con Gaby Menta, consultor de medios y web 2.0 para conocer su mirada al respecto. Además, tendremos la columna de Juan Ignacio Basterra. Mientras tanto, compartimos un artículo sobre un libro que reflexión sobre la "era de la información".
Para Mariano Ure, autor de "Filosofía de la comunicación en tiempos digitales", comunicarnos más no es siempre mejor."Filosofía de la comunicación en tiempos digitales", así se llama el libro de Mariano Ure, quien parte de esta premisa para desgranar la práctica de esta forma de interacción y su estrecha relación con lo tecnológico.
Este sábado en Pensar en Nada abordaremos la sobreinformación como tema central. ¿Cómo nos afecta la tecnología y la abundancia de información?, ¿a los argentinos nos cuesta cada vez más abstraernos de esas herramientas tecnológicas y entablar una comunicación más directa, más “humana” entre las personas?. Conversaremos con Gaby Menta, consultor de medios y web 2.0 para conocer su mirada al respecto. Además, tendremos la columna de Juan Ignacio Basterra. Mientras tanto, compartimos un artículo sobre un libro que reflexión sobre la "era de la información".
Para Mariano Ure, autor de "Filosofía de la comunicación en tiempos digitales", comunicarnos más no es siempre mejor."Filosofía de la comunicación en tiempos digitales", así se llama el libro de Mariano Ure, quien parte de esta premisa para desgranar la práctica de esta forma de interacción y su estrecha relación con lo tecnológico.
"La comunicación se ha convertido en una práctica habitual que nos envuelve, todos intercambiamos información y consumimos productos mediáticos, pero pocas veces sabemos hacia dónde nos conduce", señaló el autor, doctor en Filosofía por la Universidad de Pisa y magíster en Relaciones Internacionales por la Universidad de Bolonia, nacido en Buenos Aires en 1976.
Al parecer, y según sus dichos, estar dentro de la comunicación es un gran paso, luego hace falta apropiarse de ella y saber administrarla para que ayude al desarrollo social.
Ure se refirió al crecimiento inmensurable de este fenómeno que abre cada vez más posibilidades de intercambio y que tiene gran penetración. “En nuestro país, por ejemplo, hay más líneas de teléfono celular que habitantes. Sobre ellas pueden construirse políticas para democratizar el conocimiento y la cultura”.
Sin embargo, definió, hay que tener conciencia de que lo cuantitativo no reemplaza lo cualitativo. Es decir, “comunicarnos más no es siempre mejor, tener muchos amigos en Facebook tampoco nos hace más sociales, ni aumentará nuestro compromiso con los demás”, sentenció.
El desafío es, como dice el especialista Dominique Wolton, destecnificar la comunicación, que no es dejar de usar las tecnologías, sino comenzar a interesarse sinceramente por la realidad del otro.
Características de una "buena comunicación" En el periodismo suele identificarse la buena comunicación con la calidad técnica de noticia en su fase de producción. Este criterio es claro, pero olvida lo principal, que es la recepción de la información por parte del público. La buena comunicación está dada más por los efectos personalizantes y democratizadores que por las técnicas.
La información y los datos son buenos siempre y cuando sean completos y transparentes, pero sobre todo si finalmente está al servicio de la autodeterminación de las personas, sin exclusiones.
La mala comunicación, por otro lado, es la que instrumentaliza, la que manipula, la que no da espacio a la respuesta o a la crítica, la que restringe aunque sea indirectamente la libertad.
Filosofía a la comunicación actual“La filosofía no es asunto sólo de expertos. Tampoco es un pensamiento abstracto inaccesible”. En este tiempo, la filosofía tiene que reencontrarse con lo cotidiano para ofrecer una mirada distinta. La filosofía es útil para la vida, para comprenderse a uno mismo y para saber elegir bien.
Existen decenas de utopías de la comunicación basadas en las nuevas tecnologías digitales, por lo que el aporte de la filosofía consiste justamente en desenmascararlas y denunciarlas.
Por su parte, el autor también dedicó un apartado especial a la ética al convertirse en el “motor” de nuestro modo de actuar. Lo interesante es que, mientras la ética tradicional subraya la responsabilidad individual, la comunicación nos lleva a lo intersubjetivo, a lo comunitario, y así introduce el concepto de corresponsabilidad.
Mejorar la comunicación, la de todos, la de los medios, es una tarea compartida, que recae sobre periodistas y productores de información, pero también sobre políticos, educadores y la sociedad en general.
Sólo desde una motivación ética la comunicación deja de ser una herramienta al servicio de los intereses del mercado o del poder. La clave está en encauzarla para que, en ella, emerjan las verdaderas necesidades de la sociedad y para que, gracias a ella, puedan coordinarse los esfuerzos de los distintos sectores sociales para satisfacerlas.
Fuente: Notio. 29/11/10. Comunicación en tiempos digitales, un libro sobre el fenómeno
Ure se refirió al crecimiento inmensurable de este fenómeno que abre cada vez más posibilidades de intercambio y que tiene gran penetración. “En nuestro país, por ejemplo, hay más líneas de teléfono celular que habitantes. Sobre ellas pueden construirse políticas para democratizar el conocimiento y la cultura”.
Sin embargo, definió, hay que tener conciencia de que lo cuantitativo no reemplaza lo cualitativo. Es decir, “comunicarnos más no es siempre mejor, tener muchos amigos en Facebook tampoco nos hace más sociales, ni aumentará nuestro compromiso con los demás”, sentenció.
El desafío es, como dice el especialista Dominique Wolton, destecnificar la comunicación, que no es dejar de usar las tecnologías, sino comenzar a interesarse sinceramente por la realidad del otro.
Características de una "buena comunicación" En el periodismo suele identificarse la buena comunicación con la calidad técnica de noticia en su fase de producción. Este criterio es claro, pero olvida lo principal, que es la recepción de la información por parte del público. La buena comunicación está dada más por los efectos personalizantes y democratizadores que por las técnicas.
La información y los datos son buenos siempre y cuando sean completos y transparentes, pero sobre todo si finalmente está al servicio de la autodeterminación de las personas, sin exclusiones.
La mala comunicación, por otro lado, es la que instrumentaliza, la que manipula, la que no da espacio a la respuesta o a la crítica, la que restringe aunque sea indirectamente la libertad.
Filosofía a la comunicación actual“La filosofía no es asunto sólo de expertos. Tampoco es un pensamiento abstracto inaccesible”. En este tiempo, la filosofía tiene que reencontrarse con lo cotidiano para ofrecer una mirada distinta. La filosofía es útil para la vida, para comprenderse a uno mismo y para saber elegir bien.
Existen decenas de utopías de la comunicación basadas en las nuevas tecnologías digitales, por lo que el aporte de la filosofía consiste justamente en desenmascararlas y denunciarlas.
Por su parte, el autor también dedicó un apartado especial a la ética al convertirse en el “motor” de nuestro modo de actuar. Lo interesante es que, mientras la ética tradicional subraya la responsabilidad individual, la comunicación nos lleva a lo intersubjetivo, a lo comunitario, y así introduce el concepto de corresponsabilidad.
Mejorar la comunicación, la de todos, la de los medios, es una tarea compartida, que recae sobre periodistas y productores de información, pero también sobre políticos, educadores y la sociedad en general.
Sólo desde una motivación ética la comunicación deja de ser una herramienta al servicio de los intereses del mercado o del poder. La clave está en encauzarla para que, en ella, emerjan las verdaderas necesidades de la sociedad y para que, gracias a ella, puedan coordinarse los esfuerzos de los distintos sectores sociales para satisfacerlas.
Fuente: Notio. 29/11/10. Comunicación en tiempos digitales, un libro sobre el fenómeno

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